Hace unos años escribí sobre la prevención de algunos padres ante la evaluación de Altas Capacidades. En “yo quiero que mi hijo sea normal” hablaba sobre el deseo que expresaba una madre, en cuya familia había numerosos antecedentes de Altas Capacidades, ante la posibilidad de que su hijo compartiera ese perfil. El miedo detrás de este deseo estaba amparado en los numerosos mitos que, aún hoy, están vigentes en torno a la Alta Capacidad. Son mitos que nos hablan de infelicidad, generalmente basados en el hecho de que son diferentes, por una posible inadaptación.
Los mitos, son eso, mitos, con un contenido de verdad que se limita a unos pocos casos particulares. Las personas de Alta Capacidad no son menos sociables, pueden tener intereses particulares, pero no son necesariamente “frikis” en el sentido peyorativo del término. Por el contrario, les acompañan características muy valiosas que, entendidas y bien acompañadas, son una fuente de valor para todos los que están alrededor. Una persona curiosa tiene mucho que enseñar, una persona imaginativa puede liderar actividades creativas de muy diversa índole, una persona sensible puede advertir lo que a otros les pasa desapercibido, y ponerlo al servicio de los demás. Hay un tesoro en las personas de Alta Capacidad que debemos cuidar.

Siempre invitamos a la evaluación (temprana preferiblemente) porque lo que nos proporciona (sea de Alta Capacidad o no) es información muy valiosa sobre la persona, información para guiar su educación, su desarrollo personal o profesional, su manera de gestionar las relaciones, etc. Cuando hacemos una identificación de Alta Capacidad, no estamos poniendo ni quitando nada que no estuviera antes, le otorgamos un nombre que acorta la comunicación, pero la curiosidad, la creatividad, la sensibilidad y esa forma minoritaria de pensar y conducirse en el mundo, estaban antes de la evaluación y estarán después, tanto si realizamos la valoración como si no. La persona es la misma, con la enorme ventaja que proporciona el autoconocimiento en la adaptación general.
Todos vemos el mundo como somos, tendemos a asumir que el resto lo ve de la misma manera que nosotros. Solo tomando conciencia de las diferencias individuales, podemos hacer el ejercicio de adaptarnos al acontecer de nuestro alrededor. De ahí la importancia de la evaluación. Encajar y adaptarse no es lo mismo.
Os invito a contactar si tenéis alguna inquietud.