Las emociones nos indican cuáles son nuestras necesidades, a qué debemos acercarnos y de qué debemos alejarnos. El cerebro emocional nos ha permitido sobrevivir como especie y nos sigue guiando.

“No olvidemos que las pequeñas emociones son los grandes capitanes de nuestras vidas y las obedecemos sin darnos cuenta” Vincent Van Gogh.

La mayoría de las personas de Alta Capacidad tienen una sensibilidad muy fina a olores, sabores, al sonido, al tacto, a la luz, los colores… La información que les llega por los sentidos es muy vívida y genera emociones intensas.

A veces esa sensibilidad especial, acusada, de las personas de AC es objeto de incomprensión por el entorno. Niños y adolescentes, con menos recursos que los adultos, pueden sentirse muy solos.

Stethoscope and heart on a white background

La importancia del bienestar emocional en los niños y adultos con altas capacidades.

Para que se desarrollen de forma adecuada es necesario atender a sus necesidades emocionales tanto o más que a las cognitivas. Para que se sientan aceptados y libres:

  1. Observa y escucha. La mirada atenta de padres y educadores es un barómetro eficaz para detectar que sienten nuestros hijos y alumnos. Su lenguaje corporal, la cara la postura, la forma de moverse o caminar contiene la mayor parte de la información para reconocer su estado emocional. Escuchar su tono de voz, el discurso alegre o triste, de queja o enfado, de resignación o interés nos indica hacia dónde señala su brújula.
  2. Acepta sin juzgar. Las emociones son genuinas, nos sentimos como nos sentimos, y no vale decir “No estés triste”, “No llores” o “No te enfades”. La tristeza es fruto de una pérdida y el enfado de una violación de los propios límites. Negar lo que sentimos no nos ayuda a manejar la situación que fue origen de esa emoción. Reconocer y aceptar los sentimientos es el primer paso para educarlos o “gestionarlos”
  3. Permite que se exprese. Las emociones no son ni buenas ni malas, nos dan información y tienen un elevado valor adaptativo. Por supuesto hay formas más adecuadas y menos de expresarlas, pero son niños y jóvenes y están aprendiendo. Sólo podemos ayudarles si las comunican. Con frecuencia la intensidad y la pasión con la que se conducen las personas de AC se traduce en comportamientos que pueden parecer poco ajustados o acordes al evento que supuestamente lo desencadenó. No debemos olvidar que perciben con un umbral más bajo y por tanto la intensidad de los estímulos es mayor y las respuestas pueden serlo también. El resto de la población tendría una experiencia semejante con una percepción similar.
  4. Hazle saber que es aceptado, reconocido y no juzgado. Es importante transmitirles que su valor no depende de su conducta, esto es fundamental para una autoestima sana. Las personas nos equivocamos y aprendemos a lo largo de nuestra vida. Todos somos diferentes y tenemos algo que aportar y algo que aprender. Los chicos necesitan saber que son aceptados, que se les mira y se les reconoce y que no están en la columna de los buenos ni en la de los malos. El mensaje es “veo que estás ahí y como te sientes” y si no se siente bien “veamos qué podemos hacer para que te sientas mejor”
  5. Hazle ver el impacto que su conducta tiene en sí mismo, en ti o en otros. La educación emocional consiste en eso, en reconocer nuestras emociones y las de otros, y comprendiéndolas, aprender a regularlas. De nuevo la observación y la pregunta son herramientas muy poderosas para una mayor conciencia de la situación, de nuestros estados emocionales y los de los demás.
  6. Ayúdale a generar conductas alternativas. La simulación y el role-play son muy útiles para salir del propio estado contemplar opciones antes no disponibles. El “Y si…..?” les ayuda a colocarse en el lugar de un observador. “¿Y si fueras la otra persona? ¿y si tuvieras que aconsejar a alguien en esta situación….? ¿qué crees que haría yo o uno de tus amigos en tu lugar?….